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A = 0.
Campaña por una Educación no Discriminadora en América Latina: 21 de junio

Por Moema L. Viezzer (*)

Traducido del portugués por Beatriz Cannabrava

En el alfabeto es así: “A = O”.   Dos letras diferentes, iguales en importancia. En la vida de los seres humanos debería naturalmente ser así también: iguales en derechos humanos y respetados en sus diferencias de hombres y mujeres.  

Sin embargo, el río de la historia de la humanidad no ha seguido ese ”curso natural” de las cosas. A lo largo de milenios, la división sexual del trabajo y los roles sociales atribuidos a hombres y mujeres han hecho con que el género masculino se superpusiera al género femenino y las relaciones sociales fundadas en el binomio dominación/subordinación se cristalizaron en todas las esferas de la vida humana.  

El mundo cambió.    

En los últimos anos, la presencia femenina en funciones cada vez más diferenciadas en el mercado de trabajo, en la política, en la administración, entre otros sectores, conlleva la  necesidad de traducir para el vocabulario lo que se está viviendo.  

El movimiento de mujeres fue pionero en identificar las concepciones estereotipadas de las características e roles atribuidos a mujeres y hombres y aceptar la diversificación que hoy existe. Rector de universidad puede ser rectora, así como edil, diputado, senador pueden ser edila, diputada, senadora. Comisarios, consultores, expertos pueden ser mujeres u hombres. Una niña recién nacida puede vestirse de blanco, de verde, de amarillo o aún de azul  y es tan deseada cuanto el niño por ser, como él, un nuevo ser humano. Una niña puede jugar con cochecitos, un niño puede jugar a las muñecas... sin problemas. En la casa, hombres se turnan con mujeres en todas las tareas de reproducción de la vida, de la crianza de los niños y niñas y en los quehaceres del hogar... ¡con mucho gusto!  La vinculación de la mujer al antiguo patrio poder masculino, primero del padre, después del marido, aliada a los varios tipos de negación e invisibilidad de la mujer ya se ven como estereotipos de un rasgo social antiguo, aunque la práctica cotidiana no se haya generalizado todavía.  

Como se ha dislocado el eje cultural que hacía con el hombre fuese el núcleo de las relaciones familiares, comerciales, profesionales e intelectuales, el desempeño de la mujer en el nuevo status adquirido implica otras exigencias, que incluyen cambios profundos con relación a lo que aprendimos tradicionalmente en la educación discriminadora recibida en la familia y después en la escuela, tanto en el contenido como en el lenguaje de los libros de historia, geografía, ciencias, gramática, redacción, matemática... llegando hasta el contenido y el lenguaje de los cursos de derecho, filosofía, ingeniería, arquitectura y tantos otros de nivel universitario. Como consecuencia, vino la necesidad de revisar el lenguaje en sus distintas formulaciones, ejemplos e imágenes que contribuyen a perpetuar los estereotipos sociales. La revisión del lenguaje se volvió, así, un nuevo tema de aprendizaje permanente para niños y niñas, jóvenes y personas adultas, independientemente de la formación académica a que tuvieron acceso.  

El lenguaje sexista llegó a ser objeto de estudio tratado en los más distintos niveles de gobierno, llegando al ámbito de las Naciones Unidas. En su 24ª sesión, la Asamblea General de la UNESCO examinó la necesidad y la conveniencia de eliminar de los registros escritos y de los discursos orales “todas las formas discriminatorias de lenguaje” con relación a la mujer. Juntamente con otras cuestiones relativas al nuevo status adquirido por la mujer han sido trabajadas una serie de normas y resoluciones, editados manuales de estilo y de redacción e implantadas reglas diversas relativas a esa cuestión. La UNESCO publicó, incluso, una serie de Directrices para un lenguaje no-sexista.  

Un tema planetario de educación permanente 

Sin embargo, el lenguaje sexista es fruto de una práctica social sexista, pautada por la educación sexista que se recibe en la familia, en la escuela, en las iglesias, en el ambiente de trabajo y de entretenimiento, o a través de los medios de comunicación. La forma como el pueblo se expresa por su lenguaje, en el sentido amplio de la palabra, revela cual es su visión de mundo, cuales son los valores y sentimientos que nortean la dinámica de su organización social y psicológica.  

En este sentido, cambiar el lenguaje sexista significa aceptar el desafío de romper con sistemas de educación y prácticas sexistas para crear nueva conciencia y nuevas actitudes y formas de relación entre hombres y mujeres. Este tema relevado por el más grande movimiento social mundial del siglo XX – el movimiento de mujeres – ha entrado en la agenda de varias conferencias mundiales del último cuarto del siglo XX, cuando las mujeres han emergido en el escenario internacional.   

El evento más significativo fue, sin duda, la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en 1995 en Beijing, China, que contó con la presencia de 184 países y más de 40 mil mujeres, culminando un proceso de intensa movilización de las mujeres a escala mundial. En Brasil, más de 800 grupos participaron del proceso preparatorio. 

El resultado mayor de esa conferencia fue la Plataforma Mundial de Acción, orientada a proteger los derechos humanos de las mujeres, respetando sus características individuales de raza, etnia, edad, condición física, social, estado civil y cultura. El gobierno brasileño   también ha firmado sin reservas la Plataforma con el elenco de propuesta que los gobiernos de todo el mundo deben implementar en las siguientes áreas: pobreza, educación, salud, violencia, derechos humanos, medio ambiente, comunicación, ejercicio del poder y participación política.  

Por increíble que pueda parecer, algunos representantes de gobiernos fundamentalistas presentes a la Conferencia han tenido dificultad en firmar los párrafos en que se afirma que “los derechos de las mujeres son derechos humanos”. Es un dato que revela el alcance de esa cuestión todavía pendiente en el ámbito planetario. De ahí se ve claramente la necesidad de esfuerzos especiales para cambiar las mentalidades de cientos de miles de personas que todavía son formadas de acuerdo a creencias, valores, leyes y costumbres que han discriminado al sexo femenino durante milenios. 

El capítulo de la Plataforma sobre Educación señala algunas de esas cuestiones a resolver:

Por su vez, la UNESCO, en la V  Conferencia de Educación de Jóvenes y Adultos realizada en Hamburgo en el año 2000, fue muy insistente en la necesidad de revisar totalmente nuestros patrones mentales, desarrollando nuevas actitudes y adquiriendo nuevas habilidades para una convivencia armoniosa entre mujeres y hombres en sociedad. La revisión del lenguaje se incluye en su expresión más amplia, de representación social, pues al volverse distinta en las personas jóvenes y adultas repercutirá, naturalmente, en la educación de niñas y niños.    

En Campaña por un lenguaje y una educación no sexistas  

Desde 1991, la Red Latinoamericana de Educación Popular entre Mujeres – REPEM  - realiza, a cada año,  una Campaña de Educación No-sexista  con fecha marcada:  21 de junio. Ese día, en los varios países del continente, centenares de miles de textos, poemas, letras de canciones, dibujos, obras de teatro, concursos, programas radiales y de TV, publicaciones, seminarios, etc, expresan, en gran diversidad de aproximaciones que “A=0”. Además de las escuelas y universidades, la Campaña busca llegar a las empresas, órganos públicos, organizaciones de la sociedad civil, donde la redacción de comunicados y documentos, pronunciamientos y charlas, publicaciones y materiales educativos puede expresar una nueva postura frente a la misma cuestión: “A=O”.   

Definitivamente, el reconocimiento de la igualdad de derechos humanos de hombres y mujeres en su diversidad de condición humana pasa también por un lenguaje no-sexista. Naturalmente, eso va a suceder cuando igualmente sea modificada la práctica de las personas que deciden incluir en sus vidas el “aprendizaje permanente de la partilla del poder, del saber y del bienquerer entre mujeres y hombres conviviendo en sociedades  que se fundamentan en la igualdad, equidad y reciprocidad. Porque A=0 .” 

Educación no-sexista y no-discriminadora es educación inclusiva.

 

A partir de 1998, la campaña cambió de nombre. De educación no-sexista a educación no-discriminadora. Este cambio llegó como evolución normal de los acontecimientos y del envolvimiento de REPEM con las grandes campañas antirracistas Es normal que así sea. Porque la mujer, discriminada por ser mujer, vive la discriminación de género de formas diferenciadas a partir de su condición de clase, de raza y etnia o de edad. De esa manera, la Campaña de educación no-sexista y no-discriminadora es, en última instancia, una campaña de educación inclusiva de todos os seres humanos  - mujeres y hombres – en los varios ciclos de la vida. 

(*) Socióloga y educadora feminista brasileña. Fundadora de la Rede Mulher de Educação y co-fundadora de la Repem – Red de Educación Popular entre Mujeres de América Latina y el Caribe